Mi nombre es Yael Karakowsky. Soy mexicana y he trabajado como maestra de preescolar durante los últimos tres años. Constantemente me pregunto ¿cuántos soñadores hay allá afuera?... personas que salen de la norma, que no descansan hasta dar ese paso extra, intentando no perder oportunidades y siempre buscando hacer un poco más. Me considero una de estas personas; una luchadora, una soñadora y en ocasiones… una persona que podría esperar más de lo que es realmente posible. Ser un buen ciudadano y un soñador en México podría ser un poco difícil, dado a que vivimos en una sociedad llena de contrastes. A nivel personal, trabajar con niños implica un reto en mi vida. Más aún, cuando pretendes inspirarlos a cambiar el mundo en el que viven, ya que "los niños son nuestro futuro".
México es un país hermoso, lleno de personas cálidas y acogedoras. Para la sociedad, la familia es un valor fundamental y buscamos siempre estar rodeados de personas cercanas, con valores morales similares a los nuestros. Pero entonces, ¿Qué hay de malo en esta imagen? La realidad es que siempre perseguimos o pretendemos ser la "familia perfecta" (los problemas suceden a puerta cerrada), somos profesionales a la hora de cortar caminos o buscar soluciones más simples a nuestros problemas, la mano de obra es barata, el trabajo es poco valorado y existe una gran falta de educación. Al mismo tiempo enfrentamos serios problemas económicos: el dinero esta concentrado en aproximadamente 13 – 17% de nuestra población, mientras que de acuerdo algunas estimaciones, el 40 – 60% de la población vive por debajo de la línea de pobreza (OECD) y 60% de los hogares ganan menos de 6 veces el salario mínimo. La situación de México, sumada a la situación económica mundial termina arrojando desempleo, retraso educativo, enfermedad, entre otras. Esto provoca: a) Padres muy exitosos en el ambiente empresarial – sin tiempo para sus hijos; b) Padres que tienen que trabajar mucho – en ocasiones en más de un trabajo, dado a que la mano de obra es barata y el trabajo poco valorado; o c)Padres desempleados que podrían terminar enviando a sus hijos a trabajar.
En México, mientras las escuelas pueden esforzarse en realizar un gran trabajo, la sociedad se esfuerza por mantener el camino tradicional: crecer, estudiar algo "bueno" para la vida y tu futuro, casarse y tener una familia. Es raro encontrarse con alguien que realmente se tome el tiempo para analizar de forma sincera su futuro, su carrera profesional y sus metas – así como alguien que realmente quiera ser un padre responsable, en lugar de sólo querer tener un hijo. Años atrás nos enfrentábamos a familias autoritarias y machistas – las mujeres debían permanecer en el hogar y educar a los hijos, el padre era el soporte económico y su palabra era la ley en la casa. A los niños no se les permitía preguntar, escuchar o hablar en cualquier momento, había un número de reglas ilimitado y "Por que lo mando yo" era la última palabra, nunca bajo discusión.
No me atrevería a decir que el machismo se ha quedado atrás, pero si creo que la sociedad mexicana, como muchas otras, ha pasado del autoritarismo a la permisividad total, arrastrando consigo una gran pérdida de valores. Mientras todos podemos ser padres de familia o modelos a seguir, al mismo tiempo hay grandes índices de desempleo… la pasión por la vida se ha perdido y se vuelve difícil transmitir o inspirar. Entonces, muchos podrían tener la oportunidad de estudiar una carrera, pero como se menciona antes, hay una gran falta de pasión por la vida, por crecer, por alcanzar y conocer las metas personales.
Esto es lo que intento decir cuando hablo de contrastes. Los niños pueden tener la oportunidad de asistir a buenas escuelas, pero al mismo tiempo se enfrentan con un mundo de ambivalencia al toparse con diferentes realidades en su vida diaria, en el hogar, en la escuela y en la sociedad. Podemos inspirar a los niños a pensar y analizar, pero si como padres y sociedad en general actuamos diferente, ponemos un alto a sus iniciativas y terminamos por obtener los mismos resultados, los niños se verán afectados, al igual que nuestro futuro.
Como líderes educativos, nuestra responsabilidad es ir más allá. Debemos involucrar a los padres, a los estudiantes y a toda la sociedad. Sería sólo de esta manera en que podríamos generar un esfuerzo en conjunto, y no conformarnos con ser sólo parte de un cambio. Los niños deberían enfrentarse a dilemas reales y comenzar a analizar, a pensar y a resolver por ellos mismos. Como adultos, deberíamos animar a las nuevas generaciones a romper con lo establecido, a vivir en lugar de pretender y a inspirar a otros en el camino.
Entonces, Es probable que estemos enfocándonos demasiado en los resultados, sin analizar el camino y los procesos que nos toman llegar a ellos?
Esto es, que estemos:
- Tan preocupados por enseñar, por educar, por ser un buen ejemplo… que nos estamos perdiendo nuestras propias metas, nuestra propia felicidad – Lo que podría ser el mejor camino a seguir, a fin de lograr inspirar a otros.
- O probablemente, demasiado sumergidos en nosotros mismos. Tratando de obtener los resultados que buscamos: el niño que esperamos tener, los trofeos en nuestras repisas y una sociedad "perfecta" … que nos estamos olvidando de ¿cómo ser un ser humano, cómo conectarnos con el niño y lograr conectarnos con nosotros mismos?

Name: Blanca
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